Archive for the ‘Grandes Professores’ Category

Educação online: observações de Tonucci

abril 14, 2020

No post passado apontei para um site onde há vídeo e entrevista de Francesco Tonucci sobre o que anda rolando com tanta criança em casa na crise do coronavírus. Mas, como muita gente talvez tenha dificuldade para acessar a matéria, resolvi copiar a entrevista do educador italiano aqui. A matéria saiu no jornal espanhol El Pais, 11 de abril de 2020.

Francesco Tonucci (Fano, 1940) es un experto en niños. Desde su casa de Roma, donde lleva cinco semanas encerrado, este psicopedagogo italiano contesta por videoconferencia algunas de las cuestiones que más afectan a los menores durante este periodo de encierro para combatir el coronavirus. Tonucci reconoce que son muchos los padres que piden consejos. Propone ideas como que tengan su propio diario secreto de confinamiento o un lugar, por pequeño que sea, para esconderse dentro de casa. El psicopedagogo se muestra crítico con la escuela y cómo está afrontando este encierro.

Pregunta. ¿Qué es lo peor del confinamiento para los niños?

Respuesta. Debería ser el no poder salir, pero es mentira porque lamentablemente tampoco antes salían. Los niños desean salir y solo pueden hacerlo de la mano de un adulto. Con lo cual es importante que los niños vuelvan a salir, dentro y fuera del coronavirus. Quedarse en casa es una condición nueva, no ser autónomo no lo es. Espero que los niños puedan mostrarnos con la fuerza de este encierro cuánto necesitan más autonomía y libertad. Es muy interesante cómo están reaccionando ellos. Durante los primeros días de confinamiento, envié un vídeo a nuestras ciudades de la red internacional de la ciudad de los niños animando a convocar los consejos para pedir su opinión y dar consejos a los alcaldes; me parecía un poco paradójico que todo el mundo pedía a los psicólogos consejos para los padres y a los pedagogos para los maestros y nadie pensaba en ellos. Los niños sienten mucho la falta de la escuela, es decir, no de los profesores y los pupitres sino la falta de los compañeros. La escuela era el lugar donde los niños podían encontrarse con otros niños. La otra experiencia en la que pude comprobar que la escuela era muy deseada para los niños fue cuando están en el hospital.

P. Entonces, considera que los políticos no tienen en cuenta a los menores para tomar sus decisiones.

R. Como siempre. Los niños prácticamente no existen, no aparecen en sus preocupaciones. La única preocupación ha sido que la escuela pueda seguir de forma virtual. En Italia, por ejemplo, la gran preocupación es demostrar que pueden seguir igual que antes a pesar de las nuevas condiciones, es decir, lo hacemos casi sin que den cuenta, sentados como estaban en la escuela frente a una pantalla haciendo clases y con deberes. Muchos no se han dado cuenta de que la escuela no funcionaba antes y en esta situación se nota lo poco que funcionaba. Los niños están hartos de los deberes y para las familias es una ayuda porque es lo que ocupa a los niños. Los deberes siempre son demasiados, no tanto por la cantidad sino por la calidad. Son inútiles por los objetivos que los docentes imaginan.

P. Si se hace todo mal, ¿qué propone?

P. Hice un pequeño vídeo ofreciendo consejos de sentido común. Tenemos una oportunidad. Los niños en la escuela se aburren y así es difícil que aprendan. Además, existe un conflicto entre escuela y familia, es un conflicto moderno, la familia siempre está lista para denunciar el colegio. Ahora la situación es nueva: la escuela se hace en familia, en casa. Propongo que la casa se considere como un laboratorio donde descubrir cosas y los padres sean colaboradores de los maestros. Por ejemplo, cómo funciona una lavadora, tender la ropa, planchar, aprender a coser…

P. Pero en este laboratorio, ¿los padres están trabajando también?

R. Pido cosas que hay que hacer en casa igualmente. La cocina, por ejemplo, es un taller de ciencia. Los niños deben aprender a cocinar. El maestro puede proponer que los alumnos cocinen un plato con su salsa y escriban la receta. Así estamos haciendo física, química, literatura y se puedo montar un libro virtual de recetas. Otra experiencia que me parece importante es que los niños hagan vídeos de su experiencia en casa. La otra experiencia, por supuesto, es la lectura. Cómo la escuela no consigue que los niños amen la lectura es un gran peso. La escuela debería preocuparse más, dar a sus alumnos el gusto de leer.

P. Eso supone enfrentarse a las pantallas, a los videojuegos.

R. Estamos pensando en una escuela que tiene que hacer propuestas a los niños encerrados en casa. Proponer a los niños que lean un libro debe ser un regalo, no un deber. Hay otra forma que es la lectura colectiva, de familia. Crear un teatro que tiene su horario y su lugar en la casa, y un miembro de la familia lee un libro como si fuera una telenovela. Media hora todos los días. Son propuestas que parecen poco escolares, pero todas tienen que ver con las disciplinas escolares. Estudiando las plantas de las casas se puede hacer una experiencia de geometría. Todo esto lo digo para que se entienda que se puede aprovechar la riqueza que tenemos ahora, la casa y la disponibilidad de los padres. Usted dice que los padres no tienen tiempo: no es verdad. A pesar de todo el tiempo que están ocupados, no saben qué hacer en el tiempo libre. Normalmente el tiempo que pasan con ellos es para acompañarlos a actividades y no para vivir con ellos. Otra propuesta es que jueguen, eso es lo más importante. Que inventen juegos. Llamar a los abuelos para que aconsejen juegos, ellos fueron niños cuando los juegos había que inventarlos.

P. Nunca habremos pasado con ellos tanto tiempo como ahora.

R. Por eso mismo. No perdamos este tiempo precioso dando deberes. Aprovechemos para pensar si otra escuela es posible.

P. ¿Qué tiene que hacer un niño el primer día que salga de este confinamiento?

R. Gritar, lanzar piedras, correr, y abrazarse con alguien; aunque eso último será complicado.

Jerome Bruner, psicologia e educação

fevereiro 19, 2020

Jerome Bruner foi um dos expoentes da psicologia cognitiva, do construtivismo. Sua importância para a educação é imensa. Mas, por outro lado, as lições que ele deixou ainda não foram inteiramente aprendidas.

Ao pesquisar Nathan Zimmerman, autor de Small Wander (um livro necessário sobre a história e mitos da escola rural de sala única), acabei encontrando alguns artigos interessantes dele no The Atlantic. Entre tais artigos, destaco um precioso ensaio sobre Bruner e a educação. Como muitos amigos não leem inglês com facilidade, traduzi o artigo de Zimmerman. É uma tradução ligeira que não foi revista por gente mais capacitada em inglês do que eu. Mas, acho que o resultado não deixa a desejar.

Segue a tradução.

Jerome Bruner: Uma busca inacabada em educação

Jerome Bruner promoveu a psicologia cognitiva, uma ideia que as escolas ainda lutam para adotar.

 

Jonathan Zimmerman

The Atlantic, June 7, 2016

bruner

Alguns anos atrás, Jerome Bruner visitou um curso de pós que eu coordeno na New York University sobre pesquisa educacional e política. Eu disse a Jerry que concordava com quase tudo que ele escreveu sobre educação, mas temia que muitos americanos não concordassem com tais ideias. O que aconteceria se o país não aceitasse o que ele estava propondo?

“Bem”, disse Jerry com um largo sorriso: “então você teria em mãos uma boa história”.

A própria história admirável de Bruner chegou ao fim na segunda feira passada, quando ele faleceu aos 100 anos. Filho de imigrantes poloneses, ele foi uma criança sem visão até que uma cirurgia o livrou da cegueira aos dois anos de idade. Bruner dedicou toda sua vida estudando a percepção humana, e os modos pelos quais as histórias que contamos sobre o mundo influenciam como pensamos e aprendemos sobre ele.

Ao longo do caminho, ele ajudou a revolucionar a psicologia americana. Quando Bruner foi para sua pós-graduação na Harvard University, nos anos de 1930, predominava uma pesquisa psicológica que examinava o comportamento que as pessoas exibiam frente a pressões externas e estímulos. Mas tal modelo não levava em conta nossa mente individual, que filtra e interpreta tudo que experimentamos.

Bruner decidiu estudar o que ele chamou de “psicologia cognitiva” – como as pessoas pensam e raciocinam, não apenas como reagem e respondem. Para a educação, particularmente, as implicações eram enormes. Bruner descobriu que mesmo as crianças muito novas construíam seu próprio conhecimento – ou seja, davam sentido a novas informações com base em experiências e entendimentos prévios. O trabalho dos professores era o de ajudar os estudantes construir conhecimento sobre o que já sabiam.

Não fazia sentido então empanturrar as crianças com fatos, que elas esqueceriam assim que a prova terminasse. A meta era ajuda-las  a reconhecer relações entre fatos. Você não precisa ser um físico ou um historiador para entender a gravidade ou a Guerra Civil. Mas você precisaria de um professor que pudesse ajuda-lo a pensar como um físico ou como um historiador, ordenando e analisando as informações como eles fariam.

Meio século depois que Bruner propôs essas ideias em sua obra mais importante, The Process of Education, elas acabaram sendo aceitas como “melhores práticas” nas escolas americanas. Mas poucos professores e alunos as praticam. Há um enorme fosso entre a história que os Estados Unidos conta sobre educação e o caminho em que ela realmente percorre.

A primeira razão tem a ver com a preparação de professores no país. Para instruir os alunos da maneira imaginada por Bruner, você precisa ter um profundo conhecimento da matéria que ensina. Sou professor de educação numa grande universidade, mas eu não poderia ensinar biologia no curso secundáio. Eu poderia fazer com que os alunos memorizassem partes de um átomo ou de uma célula, mas não poderia ajuda-los a entender como a biologia funciona: como ela levanta questões, delineia teorias, reúne evidências.

E aqui há um fato deprimente: boa parte dos professores do país não tem esse tipo de conhecimento. Embora em muitos estados se exija que os professores sejam formados na matéria que lecionam, a legislação não demanda que os mestres dominem de fato os saberes próprios de sua disciplina. Provenientes dos grupos de baixo e médio desempenho de distribuição de desempenho acadêmico, muitos professores americanos simplesmente carecem de um forte background de saber específico para ajudar os alunos a mergulharem na disciplina que estudam.

Enquanto isso, professores que possuem a necessária expertise são prejudicados pela besta da “accountability”. Desde que o Congresso aprovou a lei conhecida como No Child Left Behind em 2001, normas federais e estaduais atrelaram o financiamento das escolas – e, em alguns lugares, o salário dos professores – ao desempenho dos alunos em testes padronizados [algo parecido com o nosso ENEM]. Particularmente nas comunidades mais pobres, o resultado tem sido a antítese do que Bruner imaginava: uma pedagogia triste de memorização apenas prepara os alunos para o próximo teste padronizado.

Finalmente, não é claro que os cidadãos americanos – essa gente que paga impostos e elege os membros de conselhos escolares – desejam o tipo de instrução que Bruner desejava. Ele aprendeu isso de maneira bastante dura quando desenvolveu um currículo financiado pelo governo federal nos anos de 1960, chamado Man: A Course of Study (MACOS), que usava exemplos de diferentes lugares e eras para gerar questões básicas sobre o comportamento humano e a moralidade – especialmente sua descrição dos Netslik Eskimos, que praticavam infanticídio e eutanásia – chamou atenção dos conservadores, que queriam que a seus filhos fosse ensinado um único código moral. O Congresso acabou cancelando o financiamento do MACOS, o que nos faz lembrar dos perigos de encorajar as crianças a pensarem por elas mesmas. Elas podem terminar discordando de seus pais, e muitos americanos – talvez a maioria – não querem isso.

No final de sua carreira, Bruner se voltou para a questão da cultura e educação, examinando como diferentes sociedades influenciam o crescimento e desenvolvimento humanos. Meu temor é o de que a cultura americana não aceite verdadeiramente a estória que Bruner nos contou sobre o ensinar. Mas, sempre serei agradecido a ele pelo que disse, insistentemente, na esperança de que a nação um dia aprendesse a lição.

Para quem quiser ver o original em inglês, indico o link: An Unfinished Quest in Educaction.

 

Crise na escola

dezembro 28, 2018

Entrevista com Francesco Tonucci.

Ciência e Espiritualidade

novembro 7, 2018

Registro aqui um podcast de entrevista com Alan Lightman na qual o conhecido físico e autor de ficção conversa sobre espiritualidade e ciência. O interessante da conversa é a profunda espiritualidade de um ateu que sabe apreciar a grandeza do universos e de seus mistérios. Vale ouvir. Para tanto, clique aqui.

Uma fala de Mike Rose

agosto 3, 2018

Jovem Urgente

setembro 21, 2017

Fui aluno do Paulo Gaudêncio, psiquiatra da hora nos anos de 1960. Ele era um professor que não prepara suas aulas, improvisava, contando histórias sobre suas experiências no consultório.

Gaudêncio foi convidado para fazer um programa para a moçada. Surgiu então Jovem Urgente, um dos grande sucessos na história da TV Cultura de São Paulo. Eu gostaria de rever alguns dos programas do Gaudêncio, mas via Google consegui encontrar apenas acesso a um deles, uma versão mais cuidado com participação do Mutantes, de Tom Zé e dos Novos Baianos. Um dos pontos altos do programa, além dos comentários fantásticos do Gaudêncio, são as músicas do Tom Zé.

Trago o vídeo para cá, pois ele é um episódio exemplar da TV brasileira. Há muita coisa a ser conversada a partir das falas do Gaudêncio e dos então jovens artistas como Tom Zé, Rita Lee e Moraes Moreira.

Deveres pra casa: uma bobagem

outubro 1, 2016

tonucci

O grande educador italiano, Francesco Tonucci, tem opiniões que costumam contrariar o pensamento hegemônico. Um delas é o de que od dever de casa é uma bobagem. Mais do que isso, é uma atividade que nada acrescenta aos alunos mais favorecidos e é um castigo para os alunos menos favorecidos. Tonucci opina que tudo oque é preciso fazer em termos de compromissos de educação deve acontecer no tempo escolar, não em casa. Além disso, o educador italiano não tem qualquer simpatia pela escola de tempo integral. Ele acha que as crianças precisam de um tempo diário para brincar. E brincar sem supervisão de adultos, usando sua imaginação, sua criatividade. Assim, terão o que contar na escola.

As ideias de Tonucci sobre deveres de casa, brincadeira independente e outros comentários muito pertinentes sobre o educar aparecem numa entrevista recente em Espanha. Deixo aqui link no qual está reproduzido o texto da entrevista e um vídeo curto em que Tonucci fala sobre a bobagem que é o dever de casa.

Clique aqui para acessar o link.

 

 

 

 

 

 

 

Coração de professora

janeiro 1, 2016

Trago para cá uma caricatura que diz muito em poucos traços e num comentário curto e certeiro. Com o registro homenageio minhas professoras primárias: Elza, Marina, Mariana e Maria Aparecida. A personagem é uma mulher, professora. Mas, minha homenagem precisa incluir também um homem, Professor João Madureira, meu mestre no quarto ano de grupo.

Coração de professora

Educação Popular: Barbiana

março 21, 2015

Ontem vi que o documentário Adieu, Barbiana agora aparece completo no Youtube. Trago-o para cá, pois a Escola de Barbiana é uma das mais belas experiências educacionais do século XX. Faz bastante tempo que aqui no Boteco, em minhas aulas e em outros cantos do ciberespaço insisto sobre a importância do pensamento e experiência educacional de Don Lorenzo Milani. O VT completo de Adieu, Barbiana me dá oportunidade de voltar ao assunto. Conheçam e estudem Barbiana. Vale a pena.

Para quem quiser saber mais sobre a Escola de Barbiana e Don Lorenzo Milani, seguem aqui algumas indicações:

A escola que não frequentei

junho 17, 2014

No post anterior falei de minha escola primária, o Grupo Escolar Coronel Francisco Martins. Era um escola ótima e o acesso a ela era muito democrático.

Na minha infância, grande parte das crianças sonhava apenas em tirar o primário, um diploma de quatro anos de escola. Aprendia-se a ler, escrever e contar. E com isso, partia-se para a vida. No caso de Franca, partia-se para a fábrica de sapatos, destino ocupacional da maioria da população operária da cidade. Pobres não sonhavam em tirar o ginásio, os quatro anos de escolaridade para adolescentes  dos 11 aos 15 anos. Muito menos sonhavam com o colegial.

Para ingressar no ginásio era preciso passar no exame de admissão. Quem tinha recursos,  pagava um curso preparatório para os filhos. Quem não tinha buscava meios para que os filhos aprendessem uma profissão. Em 2006 escrevi sobre essa situação num artigo que recebeu o título de A Volta do Aprendiz. Logo na abertura do texto, eu descrevia nosso destino depois do grupo da seguinte forma:

Corria o ano de 1952 numa pacata cidade do Interior de São Paulo. A mãe operária entra numa oficina mecânica e conversa com o dono, seu Belloni. Uma prosa comum: a chuvarada do fim de ano, crise nos curtumes, briga dos velhos leiteiros com a usina, o padre novo da matriz. Já de saída, a mãe faz um pedido: “eu queria que o senhor arrumasse um lugar para o Tavinho aqui na oficina”. Seu Belloni diz que não sabe se tem vaga para mais um moleque. A comadre insiste: “não tem precisão de pagar nada para ele, a gente só quer que o menino aprenda o ofício”.

Tavinho ia completar doze anos. Tinha acabado de tirar o diploma do curso primário. Ir para o ginásio era impossível, pois a família não podia pagar o curso de admissão. Sobravam poucas saídas: trabalhar de engraxate na praça, vender doces da tia Olga de casa em casa, conseguir vaga de ajudante na oficina mecânica do seu Belloni ou na gráfica do Aristarco. Se nada disso fosse possível, o destino era a vida vadia até os quatorze anos à espera de emprego nas fábricas para ganhar um salário de menor.

Seu Belloni arrumou a vaga pedida, mas avisou que nada podia pagar. A família agradecida começou a sonhar com o ofício que o menino iria aprender. E os bons sonhos ganharam corpo e vida. Tavinho não só aprendeu o ofício como se tornou um operário da indústria automobilística. Hoje, aposentado, ele ainda trabalha na sua própria oficina mecânica ali na Barra Funda.

Não cheguei a sonhar com o ginásio. No quarto ano de grupo, meu professor, João Madureira, já nos havia dito que estávamos destinados à vida de trabalho. Ele, porém, nos disse que tal destino nada tinha a ver com inteligência. Nós éramos, segundo ele, tão ou mais inteligentes que os meninos que iriam para o ginásio. Nosso problema, nos dizia o bom Madureira, era a origem operária e a falta de condições de estudo em nossas casas.

As crianças pobres da década de 1950 já podiam ter acesso a boas escolas primárias. Mas, o ginásio e o colegial eram praticamente inacessíveis para elas. Vale dizer que em todos os casos estou falando de escolas públicas. Havia ginásios e colégios públicos de boa qualidade. Todos eles, porém, tinham quase que exclusivamente filhos de classes abastadas. Nós, para evitar ingresso precoce no mercado de trabalho tínhamos uma única saída: o seminário. Fui para o seminário.

A história que estou contando não é apenas um detalhe da minha biografia. Ela é um momento importante da história da educação no Brasil. Havia na época escolas de qualidade. Mas o acesso a elas era muito difícil. No campo e em cidades sem muitos recursos, os pobres sequer conseguiam cursar o grupo escolar de quatro anos. Por toda parte, os meninos pobres não conseguiam chegar ao ginásio.

Não vou me deter em análises sobre qualidade da educação e qualidade das escolas públicas. O tema é um assunto interessante, mas fica para outra ocasião. Por ora quero apenas terminar este post indicando o que foi que o motivou. No grupo Apaixonados por Franca do Facebook foi colocada uma foto do Instituto de Educação Torquato Caleiro, o IETC. Vi a foto e me lembrei que o IETC no meu tempo de menino não era para o meu bico. Só filhos de gente com dinheiro conseguiam entrar lá. Por isso ela foi uma escola que não frequentei. Para curiosos ou amigos que conheceram o IETC de Franca, segue aqui a foto que encontrei no Facebook.

ietc